Excodra Barcelonra

El caminante

Fuente: Rubén Darío Fernández | Publicado: 10-11-2016
Rubén Darío Fernández - Partiendo del cuadro de Caspar David Friedrich, El caminante sobre el mar de nubes, reflexionaremos cómo el todo, al que aquí focalizaremos como el paisaje, lo que vemos y entendemos de la vida, se expande en el sustrato de la nada, siendo ésta lo que no vemos, lo que aún no hemos sentido, lo que aún no hemos ni imaginado ni entendemos pero que representa el vacío en el que está contenido lo que existe, la existencia.
Derechos: El caminante sobre el mar de nubes. Caspar David Friedrich.
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Será bueno comenzar citando a Heráclito de Efeso: Los ojos son testigos más exactos que los oídos y La verdadera naturaleza gusta de ocultarse, porque vamos a pensar y escribir sobre lo que ante nuestros ojos se muestra y cómo desde ellos, a pesar de ellos, no obtenemos todo lo visto, sino pasándolo después por el filtro de los recuerdos, que son nuestra fuente de saber, como es sabido, y donde se entremezclan todos los sentidos, todo lo sentido, pues, para encontrar la naturaleza que hay detrás de la propia naturaleza que ven nuestros ojos, es decir: El Universo, o lo que es lo mismo, la Nada.



Nos acercaremos a este pensamiento desde la obra pictórica El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich, y vamos a recorrer recuerdos para tratar de comprender lo que el paisaje nos ofrece, que es la vida ante nosotros, con su totalidad y su vacío, porque cada instante tiene ante sí un paisaje, tiene ante sí a la Naturaleza, al Universo y a su reverso: la Nada que lo sustenta.


La primera vez que vi esta obra, siendo muy joven, en el temprana adolescencia, fue como portada de un libro de Nietzsche, Ecce Homo, que tanto portada como libro marcaron a fuego mis días hasta el día de hoy y seguro que mucho más adelante. El libro era de mi hermano, él estudiaba filosofía por aquél entonces y yo la manera de fumar hachís a cada instante sin tener mucho dinero para ello. Y estos dos apuntes biográficos son de mucha relevancia para lo que quiero comentaros: Filosofía y Hachís, lo de enfrente y lo interior, conocimiento e interpretación. En un ratito lo retomamos. La cuestión es que vi aquel libro, su portada, aquella imagen de un hombre ante la inmensidad, y cuando lo vi, de inmediato me sentí profundamente reflejado y profundamente solo. Sentí que esa imagen reflejaba la soledad como pocas. Me sentí realmente solo ante esa imagen y sentí a ese hombre abismalmente solo ante la vida, que era lo que tenía delante suya, todo ese mar de nubes inciertas cargadas de más preguntas que respuestas, después de haber subido montañas para seguir en pie, para poder seguir en pie, para poder ser, en fin, como comenta Heidegger en cuanto al ser, ya lo conocéis, ese estar en pie, ser, ante la vida y no desfallecer cuando chocamos con todo el océano que nos arrastra al encontrarnos con ella.


Ese hombre estaba ahí, de pie, fuerte, con vigor, con todo por delante y con todo a sus espaldas, contemplando el paisaje, contemplando, desde sus recuerdos y creando nuevos recuerdos, el recorrido realizado, los pasos dados, las dificultades, orgulloso y en pie con el mundo delante de sus ojos del cual él formaba parte y a su vez era su todo.



Quiero poneros aquí unas frases de José Camón Aznar, de su libro "Filosofía del arte": Por otra parte, la objetividad del arte tradicional, que descansaba sobre la solemne inmutabilidad del mundo físico, puede afectarse por el probabilismo de la nueva física. No hay una causalidad fatal. No hay determinismo en las leyes del mundo físico. Al llegar al proceso atómico nos encontramos con que una misma causa puede provocar unos efectos u otros y que en la radiactividad los desprendimientos del átomo son inseguros. A la fatalidad puede suceder en el futuro la probabilidad. Y en este caso el hombre, ante la visión de un universo indeterminado, tendrá que refugiarse en su yo. Pero el subjetivismo del arte moderno no se halla producido por una huida de la realidad, sino al revés, por una participación creacional en ella, por su dominio y reelaboración en la conciencia.


Es aquí donde quiero detenerme un rato, en esa reelaboración en la conciencia, que era lo que veníamos comentando sobre el mirar y los recuerdos y el paisaje y, la nada. ¿Vemos realmente lo que vemos? ¿Vemos realmente lo que hay? ¿Por qué ese caminante nos es mostrado de espaldas, para poder ver su mirar o para que sea nuestro mirar quien conforme su mirada en nuestra conciencia?



Tal vez, este caminante, simplemente, llegó a la cima, y cerró los ojos para respirar sin nada que querer ver de ojos para afuera, diciéndose así mismo: Mis pies no pueden llegar más lejos, ni tampoco mi mirar, sin embargo, cierro los ojos en este fin de camino y nuevos caminos se me ofrecen para andar. De ahí su firmeza, su estabilidad: Ante nosotros siempre hay más, y él, podrá seguir caminando aún sin camino bajo sus pies.


Lo que nuestros ojos ven sencillamente son una puerta abierta que atravesar, y una vez cruzado tal umbral, dentro de ese espacio visual, lo rellenamos con todo lo que nuestra vida haya vivido. Cada visión lleva consigo todas las visiones anteriores desde que nuestro cerebro forma recuerdos, y además, por supuesto, todo lo sentido por cualquiera de nuestros sentidos, ya sean de percepción del exterior como de nuestro propio interior, las sensaciones que conocemos como la emoción ante lo sentido. Es por esto que recordaba el hachís, por su habilidad para fomentar la sinestesia como muestra de la configuración de los recuerdos desde lo sentido, porque cada instante viene configurado por todo lo sentido y por todo el pasado y a la filosofía, claro, por su amor y ganas por el conocer, pues conocemos desde lo percibido y después elaborado en nuestro pensar.


Entonces ¿qué vemos cuando nos detenemos ante un paisaje? Es fácil, una parte de lo que hay. La otra parte, es la nada, que es el universo entero, pues cada momento viene determinado por todos los demás, y por todo lo demás, y sólo y tan sólo puede ser tal cual es porque anteriormente ha sucedido todo lo anterior desde el mismísimo momento en que las cosas suceden, porque cada mirar lleva en sí lo que está mirando y lo que lo sustenta pero que aún no conoce: la nada: lo desconocido: lo susceptible de ser conocido.



¿Y por qué digo la nada cuando me refiero al todo? Es sencillo también, pues son lo mismo únicamente que en diferentes estados de nuestro conocer, pues nada puede haber si no hay una totalidad que pueda cumplimentar lo que es nada. La nada es lo por conocer. El todo es lo re-conocido. Y lo conocido, lo que ha sido capaz de estimular nuestros sentidos y con ellos formar recuerdos, conocimiento, que formará nuestro saber y entendimiento frente al todo y la nada, de ahí ese re-conocer.


Imagínense que les meten en una sala donde no entra ni un ápice de luz y les preguntan: ¿Qué hay? Ustedes responderán: No lo sé. Y podrían pensar para sus adentros: Podría haber cualquier cosa. Esa cualquier cosa, es la nada. Porque ustedes no ven nada y ahí podría haber de todo. De repente, les llega un olor, un olor que conocen, porque ya antes había sido captado por su sentido del olfato, y lo re-conocen como el olor que desprende el chocolate. Y dicen: Hay chocolate. Es lo único que saben que hay en esa sala, si es que es una sala, es decir, una habitación cerrada... además de oscuridad. Y podrían pensar para sus adentros: Aunque tal vez sea algo que huele como el chocolate pero no es chocolate. Ahora les llega un nuevo olor, un olor que no conocen, que nunca antes habían olido. Después les sacan de la sala y se van a su casa. Pasan unas semanas, y por la calle, les llega ese olor que no conocían en la sala y de inmediato lo re-conocen como el olor que conocieron en la sala oscura. Bien, la oscuridad del conocer, la ausencia de lo sentido, es la nada; y el todo, lo re-conocido, se abre paso en la nada sin descanso a cada instante pues la existencia va sumándose a sí misma segundo tras segundo, lo cual requeriría de otro escrito sobre el tema...



Piensen ahora cuando se creía que la Tierra era plana. La existencia, nuestra existencia y la manera de vivir en ella, en aquellos días estaba basada sobre una Tierra plana, en su universo, la Tierra era plana, tan simplemente porque no habían logrado atrapar por los sentidos su redondez, conocerla desde sus cálculos. Después, su todo, nuestro todo, lo re-conocido, se adentró en lo por conocer, la nada, para ser ahora un todo donde la Tierra es redonda.


Y permitidme dejar también por aquí otro apunte sobre el conocimiento, que creo muy pertinente matizar tras conversar sobre este escrito con un gran pensador, y es que hay que pensar que el conocimiento será limitado o ilimitado según lo sea el universo, es decir, la nada, sea ésta limitada o ilimitada, finita o infinita. Pero esto es aún una de las grandes incógnitas del pensamiento y la existencia.


Retornemos finalmente a los paisajes y a El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich, sintiendo en esa figura en pie al Gran Caminante que es el todo recorriendo el paisaje de la nada. Es por ello que nos abruma el paisaje extenso ante nuestro mirar, porque en él re-conocemos todo lo que aún hay por conocer que aún nuestros ojos no alcanzan a mirar.


¿Sabremos algún día dónde terminan los paisajes?

 

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Rubén Darío Fernández

Rubén Darío Fernández

Nací en Madrid, en 1978. Luego me desarrollé en varios sitios de Galicia y mi gran peque Blanca nació en Barcelona. Soy Biólogo y doctor en Neurociencias y cuando el tiempo lo permite, que no es mucho pero sí intenso, dejo libre mi vena literaria ya sea escribiendo, editando o interpretando. En cuanto a lo relacionado con literatura, he publicado las novelas Puzzle, Maldito y Saudade, el homenaje a lo maldito Excodra, y el libro de cuentos Sandra en el País de la Semana Cero, junto a mi hija Blanca Fernández Portas y a Raquel Calvo. También expuse el cuento 33 en el Real Círculo Artístico de Barcelona. Desde el 2011 dirijo la revista de literatura y otras artes Revista Excodra (http://www.excodra.com), en 2012 emprendo esta locura en solitario de montar una editorial: Excodra Editorial (http://www.excodraeditorial.com), hago teatro o eso intento en Teatro Excodra, así como hago el ganso todo lo que puedo y más en Excodra Radio, llevo también un portal de divulgación de ciencia y arte -éste- y hace tiempo organizaba las Jams de Poesía Embriáguense en la Asociación Castells de la Muntanya, en El Rouge y en el Espai Prize.

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