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¿Por qué fascina la Grecia Antigua?

Fuente: Excodra | Publicado: 20-05-2017
Rubén Darío Fernández - Pero por qué me dejaba tan maravillado todo aquello, no podía entenderlo, pero con el tiempo fui vislumbrando que era por tratarse de uno de nuestros orígenes más cercanos y ya diferenciados, ese punto en que nos íbamos desprendiendo de lo salvaje que fuimos.
Derechos: Atenas.
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¿Por qué fascina la Grecia Antigua? Siempre me he hecho esta pregunta, bueno, desde muy joven, cuando empecé a oír los nombres de complejos que latían desde el psicoanálisis con sangre de Edipo, Electra y demás, que hacían referencia a mitos griegos, me llamaba muchísimo la atención. Luego me atrapó en seguida el que el teatro de la Antigüedad, proveniente de Grecia, tenga en él las bases de nuestro teatro moderno, me fascinó Eurípides y su Medea.



Después vinieron todos los mitos y Homero y la filosofía, vino Aristóteles, vino Platón y su Sócrates, después indagué en los presocráticos, con una abducción tremenda por el universo Heráclito.


Pero por qué me dejaba tan maravillado todo aquello, no podía entenderlo, pero con el tiempo fui vislumbrando que era por tratarse de uno de nuestros orígenes más cercanos y ya diferenciados, ese punto en que nos íbamos desprendiendo de lo salvaje que fuimos, de esa mezcla de perfección desde su escultura y arquitectura y pensamientos dada en tiempos tan remotos, pero tan certeros, sintiendo que fue allí donde nació Occidente, bajo, después lo vi, el influjo y respiración de Oriente y su lejano Oriente, pues son indivisibles, en realidad, con el Mediterráneo como puente entre evoluciones casi separadas pero con un fluir constante entre ambas, fluir de tradiciones, fluir de palabras, fluir de costumbres, de materias primas y elaboradas y de materias exóticas a dos bandas, fluir de personas, de seres humanos, de genes curtidos a lo largo de los siglos en ambientes geográficos y sociales muy distintos.


Y en esta época, entre los siglos VIII y IV a. C., y en esta zona geográfica, Grecia, se cuajó el inicio de la civilización moderna occidental. Pero Grecia era muy diferente a nuestra actualidad y muy parecida, como origen, como germen, semilla de nuestras raíces, dando los primeros pasos en los primeros escalones de nuestra estructura cultural actual.



Se da, tal vez, esa fascinación, porque en la Grecia Clásica se cruzaban lo salvaje y lo civilizado.


En esa época, regada por los mitos primero y después por el uso de la razón para explicar el mundo, la vida, la existencia, la relación con los demás y con la naturaleza, en según qué conjunto de individuos, qué núcleos de población, aún se daban los sacrificios humanos, en otros, el canibalismo, en todos, la esclavitud, que era la base del progreso, de la construcción, del poder hacer labores con humanos que se creían inferiores o sometidos, después de guerrear, o salvajes en estado puro traídos de mil sitios. En la Grecia de la Antigüedad, y en el mundo conocido, de lo que sabemos de él, en esa época el sistema esclavista estaba a la orden del día. En realidad, hasta hace no muchos años seguía existiendo, y en según qué zonas, lo sigue.


Hablamos de un cruce, de un encuentro que es una separación, entre lo salvaje que aún había y lo civilizado que nacía, entre la creencia en mitos para explicar el mundo y domeñar a la población con la humanidad más visceral, regida básicamente por los impulsos de supervivencia brutal, hoy día, y el discurso tejido y abrazado por la indagación, la exploración, la curiosidad, el intento de conseguir la armonía, el intelecto y la palabra, en aquel tiempo y con otra cara a la de hoy, mucho más violenta, pero bebiendo del ansia de saber, de comprender la vida y de poder transmitirla, de dejarla por escrito y enseñarla, con gran proporción de los humanos aún en estado casi salvaje teniendo aún ellos el punto de animalidad a flor de piel. Los sacrificios de animales, para satisfacer a los dioses o festejar, eran costumbre y rutina.



Era un mundo increíble a nuestros ojos de hoy. Serpenteaban allí los saberes que llegaban de Oriente y aún se alimentaban más, se desarrollaron los conocimientos en política, moral, astronomía, arquitectura, comercio, medicina, semilla de nuestro tiempo sembrada en un campo donde lo ancestral y el progreso viajaban juntos y muy cerca, totalmente entrelazados. Era todo diferente pero todo similar.


Era brutal y, el brillo de la calma quería nacer. La bestialidad y la armonía social en competición por la subsistencia.


Es mágico verlo, aunque así a los lejos, con nuestros ojos del hoy, y poder darnos cuenta de cómo hemos ido evolucionando y de cómo hace casi tres mil años comenzamos a ser como somos ahora, casi a machetazos de razón en la selva del existir y del persistir, del perdurar, del acomodarse a nuestro entorno y de acomodarlo a él a nosotros. En la Grecia de la Antigüedad dábamos nuestros alientos iniciales, no deja de maravillarme el transcurso de los años en los que hemos sido empujados por los acontecimientos entre la naturaleza más cruel, la nuestra misma, y la naturaleza menos hostil doblegada por nuestra propia naturaleza que quería alejar la animalidad para preservar más la vida de uno. La civilización, oponiéndose a la barbarie, a lo bárbaro que aún existía, llega de allí, en gran medida, naciendo allí o canalizándose gracias a ellos con el paso de los años y las geografías. Centro neurálgico, crucial, en el tiempo, en nuestra Historia, donde convergían aún lo primitivo y lo que hoy llamamos actual, para desembocar siendo nosotros tal año como este 2017.


 

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Rubén Darío Fernández

Rubén Darío Fernández

Nací en Madrid, en 1978. Luego me desarrollé en varios sitios de Galicia y mi gran peque Blanca nació en Barcelona. Soy Biólogo y doctor en Neurociencias y cuando el tiempo lo permite, que no es mucho pero sí intenso, dejo libre mi vena literaria ya sea escribiendo, editando o interpretando. En cuanto a lo relacionado con literatura, he publicado las novelas Puzzle, Maldito y Saudade, el homenaje a lo maldito Excodra, y el libro de cuentos Sandra en el País de la Semana Cero, junto a mi hija Blanca Fernández Portas y a Raquel Calvo. También expuse el cuento 33 en el Real Círculo Artístico de Barcelona. Desde el 2011 dirijo la revista de literatura y otras artes Revista Excodra (http://www.excodra.com), en 2012 emprendo esta locura en solitario de montar una editorial: Excodra Editorial (http://www.excodraeditorial.com), hago teatro o eso intento en Teatro Excodra, así como hago el ganso todo lo que puedo y más en Excodra Radio, llevo también un portal de divulgación de ciencia y arte -éste- y hace tiempo organizaba las Jams de Poesía Embriáguense en la Asociación Castells de la Muntanya, en El Rouge y en el Espai Prize.

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