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Entrevista a Rafael Argullol

Fuente: Rubén Darío Fernández. Marzo, 2016. | Publicado: 02-01-2020
La guerra... yo creo que es la extensión del instinto, la extensión violenta del instinto, que está presente en todos los animales cercanos al ser humano, y que en nosotros se ha convertido en un hecho cotidiano a través de la Historia, altamente organizado, con toda una serie de ceremoniales internos, con lo cual podríamos decir que es una de las cuatro o cinco actividades que más caracterizan al ser humano, junto a la sexualidad, al juego, a la amistad y a la creatividad.
Derechos: Rafael Argullol.
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¿Qué es la guerra?

La guerra... yo creo que es la extensión del instinto, la extensión violenta del instinto, que está presente en todos los animales cercanos al ser humano, y que en nosotros se ha convertido en un hecho cotidiano a través de la Historia, altamente organizado, con toda una serie de ceremoniales internos, con lo cual podríamos decir que es una de las cuatro o cinco actividades que más caracterizan al ser humano, junto a la sexualidad, al juego, a la amistad y a la creatividad.

¿Sería posible reescribir la Historia de la Humanidad sin hacer mención a las guerras?

Creo que sería completamente imposible porque en la Historia la Humanidad está presente de manera intrínseca, si hiciéramos una Historia de la Humanidad sin hacer mención a la guerra estaríamos haciendo la historia de otra humanidad, no de la nuestra, donde precisamente la lucha por la supervivencia y por la conquista ha sido algo continuo, que sin embargo, nosotros hemos heredado de nuestros afines mamíferos superiores, por tanto, no es que sea una innovación nuestra, pero me parece imposible el reescribir la Historia sin mención a las guerras. En este sentido lo que me resulta singular es más bien el pacifismo y la conciliación y lo que me resulta natural es la violencia y la guerra.

¿Entonces se diría que son necesarias para el desarrollo de la Humanidad?



Diríamos que la violencia es, no sé si necesaria, pero sí natural. En ese sentido siempre me acuerdo de una distinción que hizo el escritor francés Jean Genet, que decía: la brutalidad es algo siniestro y negativo, pero la violencia forma parte de la vida, pues el mismo acto de nacer, y el mismo acto de morir, ya son violentos, por lo tanto sería muy difícil creer que el hombre que vive en entre dos violencias pudiera sobrevivir sin violencia.



¿Cómo interviene una guerra en la construcción de sociedades y cómo crees que podríamos replantear la construcción de sociedades sin guerras mediante?

De la misma manera que siempre ha existido la guerra, también ha existido el intento de fomentar sus antídotos, de hecho, la ley intenta ser un antídoto frente a la guerra , pues no deja de ser una barrera frente a la ley del más fuerte, o de la ley de la jungla, que es la sacralización de la guerra, por lo tanto la ley sería una barrera contra la guerra; la democracia, es otra barrera, en el sentido de intentar buscar conciliaciones de tipo social entre las libertades de los individuos; la amistad, la complicidad, el amor, hay toda una serie de comportamientos genuinamente humanos que son barreras frente a otros comportamientos genuinamente humanos, como lo es la guerra. Por tanto sí es posible concebir modelos alternativos de construcción de sociedad sin guerra, pero, personalmente creo, que para que esto fuera posible el hombre debería reformarse extraordinariamente respecto a un punto tan central como es la codicia, mientras el hombre tenga a la codicia como uno de sus valores más asentados, será muy difícil desalojar a la guerra de su vida.

¿Cuál crees que ha sido la que ha supuesto cambios más profundos en la manera de vivir de las personas a lo largo de la Historia?

Creo que la que más ha influido ha sido una guerra invisible, que ha afectado a la vida cotidiana de los individuos, que ha afectado incluso a la violencia del nacimiento y a la violencia de la muerte, digamos que hay una guerra latente a la que no ponemos nombre, que es la que más ha influido, de la misma manera que hay una paz secreta y una paz invisible que es la más importante. Dicho esto, cada época ha tenido guerras decisivas, como las guerras macedónicas, o las guerras de Alejandro, que fueron decisivas en la expansión de Europa hacia Oriente; las guerras de Gengis Kan fueron decisivas en la creación del imperio nómada más grande del mundo; las guerras del Imperio Romano fueron decisivas en la creación de una determinada visión de Europa, y la guerra de Carlos V, las guerras Napoleónicas y por supuesto en el siglo XX las dos guerras mundiales.

¿Y cómo se estructura la vida de una persona durante una guerra?



Hay un humanista italiano, Giovanni Pico della Mirandola, que tiene un texto que me gusta mucho, Discurso sobre la dignidad del hombre, y en un momento determinado de este texto, Dios se dirige a Adán y le dice: Todo lo he creado según el mecanismo de la necesidad y del destino, pero a ti, al hombre, te he creado libre para que puedas elevarte a la categoría del ángel o para que puedas descender a la categoría de la bestia. Esta afirmación de Giovanni Pico della Mirandola, que es aproximada a la que acabo de hacer, creo que nos acerca a tu pregunta, en el sentido de que en una situación de guerra queda más esencializada, destilada, la condición del hombre, entre el ángel y la bestia.



¿Y qué libro te viene a la mente que haya descrito más fielmente un conflicto bélico?

El que siento que más me ha llegado, y lo ha hecho por educación infantil, es La Guerra de las Galias, de Julio César, porque era el texto que utilizábamos para aprender latín. Posteriormente, me impresionaron mucho, también, las Crónicas de Indias escritas por Bernal Díaz del Castillo, donde describe las guerras de Hernán Cortés y los conquistadores. Y luego, debo reconocer que hay un escritor del siglo XX, Ernst Jünger, cuyas crónicas de guerra me han impactado mucho, tanto su libro sobre la Primera Guerra Mundial, Tempestades de Acero, como sus diarios sobre la Segunda Guerra Mundial.

A día de hoy ¿qué papel juegan los medios de comunicación en una guerra, tanto en su posible estallido, como durante?

Total, juegan un papel total. La guerra siempre ha tenido algo de espectáculo. Por eso he dicho al principio que está vinculado a un ceremonial y a una liturgia, pero desde la Primera y desde la Segunda Guerra Mundial se ha tendido a ofrecer la guerra como el espectáculo total al que asiste la Humanidad, entonces, evidentemente los medios de comunicación plantean la guerra como el más refinado e impactante de los deportes, todo aquello que nosotros vemos en el estadio, donde la violencia verbal y la mental pueden llegar a cotas muy altas, sería el máximo de sofisticación en el espectáculo de la guerra. Por tanto, creo que los medios de comunicación, sobre todo los grandes monopolios, piensan en la guerra como el próximo espectáculo que va a ser ofrecido y ya venden entradas para él...

A grandes rasgos ¿quiénes crees que son los principales beneficiados en una guerra?



Los principales beneficiados siempre son evidentemente los poderosos, pero dentro de ellos, el más inmediato sería el que podría llamarse el constructor de armas, el segundo beneficiado más inmediato sería el poderoso en sentido económico y el tercero, finalmente, y es el máximo beneficiario, es el poderoso en sentido ideológico, aquél que impone la ideología a través de la guerra. Pero también hay que decir que son victorias relativas, pues los vencedores del hoy acostumbran a ser los vencidos del mañana, y esta ha sido la ley pendular de la guerra.



¿Cómo se podría, si hubiera voluntad para ello, evitar las guerras desde la política?

Desde la política no se podría porque la política necesita la guerra. La única forma sería volver en cierto modo a los inicios de la guerra, en que quien declara la guerra tuviera que ir en primera línea. Y si quien declarase la guerra, el presidente, el rey, el primer ministro, el ministro de defensa, tuviera que ir en la primera línea del frente, entonces sí que podríamos establecer una serie de sinceridades, complicidades, pactos y acuerdos, a mayores, pero mientras quien la declara o está interesado en declararla, sea aquél que está en su gabinete, en su despacho, aquél que está frente a su televisor, etc., es muy difícil porque éste ya está pensando en los réditos que le va a causar. Sólo puede evitar la guerra el herido compasivo, es decir, el que afrontando la herida puede llegar a tener la grandeza de la piedad, ése sería el único que estaría en condiciones de evitar la guerra.

¿Y a nivel de educación no habría manera, yéndonos a las generaciones nacientes?

Es que la guerra empieza entre los niños, el niño es un ser muy cruel y muy violento, que cuando tiene una hormiga delante o cualquier animal pequeño, lo aplasta. El tema no sería tanto educar contra la guerra, sino educar contra ese aplastar de la hormiga que está pasando. Si el niño fuera capaz de ser educado en esa dirección, entonces en el futuro podría ser educado contra la guerra.

Cuando sucede un guerra ¿cómo influye en nuestra manera de pensar?

Creo que hay un cambio a corto plazo muy grande, a medio plazo menor, y largo plazo amnésico. Es como el ejemplo de las crisis, que nosotros tenemos como referente a la última gran crisis económico-social de estos últimos años. Si mañana alguien con una varita mágica dijera que se ha acabado por completo la crisis, a los pocos meses la gente volvería a incurrir en las mismas conductas y comportamientos que hubo anteriores a la crisis. Pues con la guerra sucede lo mismo, inmediatamente después de la guerra hay un trauma catártico, a medio plazo la gente necesita ir olvidando y a largo plazo se ha olvidado tanto que vuelven a sonar los tambores de guerra.

¿Cómo sientes el vínculo entre deseos sexuales y deseos de guerra, violencia, muerte?

El deseo sexual, como no sólo evidenciaba Freud y otros, sino a lo largo de toda la Historia de Literatura desde la Edad Antigua, en el deseo sexual lo que está presente es la sombra de esa violencia que penetra todo el instinto animal del cual nosotros participamos, no es tanto la sexualidad como el instinto. Y  diría que no es tanto ni sexualidad como el instinto, sino el miedo. Mientras el animal tenga miedo y el ser humano es un animal que siente mucho miedo, la guerra es inextirpable porque la violencia es inextirpable.



Creo que sólo si lográramos crear etapas de cultura en las cuales el miedo quedara muy amortiguado entonces sería posible. Yo no soy cristiano pero voy a poner un ejemplo cristiano. San Francisco de Asís, de quien se han destacado muchas cosas pero no se ha remarcado quizá la principal, trató de sacar el miedo del corazón humano, y sacando el miedo, sacaba la violencia... Y ahora voy a poner un ejemplo pagano, de Lucrecio, de su poema De rerum natura. De la Naturaleza, pues el centro del poema es intentar erradicar el miedo del corazón humano como solución a los problemas del hombre.



Y es que, en efecto, mientras hay miedo, hay violencia, y en el momento en que alguien por alguna razón logra superar el miedo, entonces, empieza la generosidad, empieza la piedad, la compasión, empieza lo que podríamos llamar el ser humano del regalo.

Vinculado a todo esto, ¿las religiones emplean la guerra para algún fin?

La palabra religión, que proviene de religare, implica lo contrario, quiere llamar a los hombres a religarse como si fuera el trigo y a estar unidos para evitar la soledad cósmica que fácilmente puede sentir el hombre. Ahora, en el práctica, el momento en que ese religare, ese estar religados, se vuelve dogmático, se vuelve doctrinario, entonces el camino de la violencia está servido.

Rafael, para terminar, saliéndonos ya del tema por completo, ¿qué es un filósofo?

Nunca me he identificado mucho con esta palabra porque está en manos de demasiados mercenarios de la filosofía, pero para mí un filósofo es un explorador, es un aventurero y es un hombre de deseos. Si tuviera que emplear tres expresiones para definir a un filósofo, diría: que es un hombre de deseo, desea conocer; es un explorador, desea explorar, y es un aventurero, en el sentido de que está dispuesto a correr riesgos para conocer y para explorar.


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Rafael Argullol

Rafael Argullol

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de más de treinta libros. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal,  Transeuropa,  Davalúo el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura: Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre, Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, Visión desde el fondo del mar. Recientemente ha publicado  Pasión del dios que quiso ser hombre (2014) y Mi Gaudí espectral. Una narración (2015). Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar.

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