Excodra Barcelonra
CRG (Centro de Regulación Genómica)

CRG (Centro de Regulación Genómica)

The Centre for Genomic Regulation (CRG) is an innovative centre for basic research created in December 2000 by initiative of the former Department of Universities, Research and Information Society (DURSI) of the Catalan Government. The CRG is legally constituted as a non-profit foundation and has the participation from the Catalan Government through the Economy and Knowledge Department (DECO) and the Health Department (DS), as well as from the Pompeu Fabra University (UPF), and the Spanish Ministry of Economy & Competitiveness (MINECO). It is an international biomedical research institute of excellence whose mission is to discover and advance knowledge for the benefit of society, public health and economic prosperity. The CRG believes that the medicine of the future depends on the groundbreaking science of today. This requires an interdisciplinary scientific team focused on understanding the complexity of life from the genome to the cell to a whole organism and its interaction with the environment, offering an integrated view of genetic diseases. The Centre for Genomic Regulation (CRG) is located at numer 88 of Dr. Aiguader St., in the 4th, 5th and 6th floor (7,500 m2) of the Parc de Recerca Biomedica de Barcelona, PRBB (Barcelona Biomedical Research Park) building. http://www.crg.eu

Entrevista con la Dra. Mara Dierssen

Fuente: Excodra | Publicado: 14-11-2015
De pequeña sentía curiosidad por saber qué nos hacía comportarnos de una manera o de otra. Mi padre era un neurocirujano y mi madre es pintora, con una visión del mundo muy particular. Mi padre, me inoculó la curiosidad y el espíritu científicos. En casa siempre se animaba la discusión (constructiva por supuesto). El debate sobre cualquier tema. Y muchas veces el tema era el ser humano, sus capacidades y sus misterios, por lo que pasábamos horas hablando sobre el cerebro. Mi padre tenía esa habilidad de contar las cosas de forma que te hacías preguntas. Una de sus grandes preguntas era qué es la consciencia.
Derechos: Mara Dierssen, del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, en el 16º Congreso de la SENC - abc
33 comentarios

¿Qué es la ciencia y, en qué medida forma parte de tu vida?


Si nos atenemos a la definición ortodoxa, cuando hablamos de ciencia nos referimos al conocimiento obtenido mediante la observación, el razonamiento y la experimentación, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio de un método científico.


Para mí, sin embargo, es mucho más que eso. La ciencia para mí no es sólo adquirir conocimiento, no es solamente un trabajo, es una forma de vivir y pensar. En sí misma ya atrae porque es un proceso creativo, si me permitís la licencia, similar al artístico, en el que no se buscan nuevas miradas a través de la imaginación, sino buscando nuevas preguntas o nuevas maneras de hacer esas preguntas. Por supuesto la ciencia tiene un método al que hay que ajustarse, y las preguntas se han de hacer de forma adecuada y rigurosa para encontrar una respuesta válida. Pero es un sistema de pensamiento que te permite ver también la realidad bajo un prisma más “objetivo”. Pero además la ciencia tiene otra belleza, aún más atrayente. Y es que el conocimiento que se obtiene puede tener (y tiene) un impacto real en la vida de las personas. Basta mirar a nuestro alrededor para confirmar que vivimos en una sociedad en que la ciencia y la tecnología ocupan un lugar fundamental en el sistema productivo y en la vida cotidiana en general. La Neurociencia en particular se ha incorporado en la vida social de tal manera que se ha convertido en clave esencial para interpretar y comprender la cultura contemporánea. Y es que la comprensión del cerebro humano, uno de los mayores retos científicos del siglo 21, tiene ya un claro impacto en nuestra concepción de la economía, los movimientos sociales o incluso en nuestro sistema judicial. La comprensión de sus procesos de manejo de la información está determinando avances revolucionarios de las ciencias de la computación y la robótica. Parece innegable que los avances en neurociencia harán que tengamos que replantearnos cómo se educa a nuestros jóvenes, cómo se utilizan las estrategias de marketing, o incluso algunos puntos de nuestras leyes o de nuestros sistemas morales. Precisamente este año hemos asistido a una clara apuesta de Europa y EEUU por la investigación en Neurociencia, que se considera prioritaria y de valor estratégico no sólo por su valor traslacional en enfermedades neurodegenerativas o psiquiátricas, sino porque el conocimiento del cerebro puede ser crucial en la sociedad y además puede llegar a desentrañar el entramado molecular y celular subyacente a patologías como la epilepsia o el Alzheimer y poder desarrollar tratamientos adecuados, lo que en este momento constituyen una de las principales preocupaciones de los ciudadanos. De acuerdo con el informe “Neurological Disorders: Public health challenges” de la Organización Mundial de la Salud, los trastornos neurológicos afectan en todo el mundo a unos mil millones de personas, sin distinción de género, niveles de educación o ingresos. Se estima que cada año mueren 6,8 millones de personas como consecuencia de los trastornos neurológicos y en Europa, los costes provocados por las enfermedades neurológicas en 2004 se han cifrado en 798 billones de euros. Descifrar cómo funciona nuestro cerebro es, pues, importante para nuestra salud, nuestra sociedad y nuestra competitividad industrial y forma parte de la Estrategia Europa 2020 y de la Unión por la innovación.


Gran parte de tu trabajo se focaliza en el Síndrome de Down, ¿podrías comentarnos sobre este síndrome? Sobre cómo es la mente de una persona con Síndrome de Down, la manera en que perciben la realidad y cómo pueden expresarla. Más que nada por entender un poco el que la realidad se forja en nuestros cerebros, con todas nuestras particularidades fisiológicas, químicas, en fin, realidad entendida como percepción y expresión -y luego volveremos sobre este tema-.


En palabras de Santiago Ramón y Cajal, “el cerebro es un mundo que consta de numerosos continentes inexplorados y grandes extensiones de territorio desconocido”. Se calcula que poseemos más de cien mil millones de neuronas, de cuya comunicación armoniosa surgen fenómenos únicos que nos permiten recordar nuestra infancia, escribir poesía, interpretar una partitura, ser bilingües o resolver un problema matemático. Una de las cosas que sabemos es que la “construcción” y el funcionamiento de nuestro cerebro está coordinada por una “sinfonía genética” en la que la expresión génica, como las notas musicales ha de coordinarse de forma precisa en tiempo y espacio. Al igual que en una orquesta, los instrumentos deben sonar en el momento preciso, y acompasados con el resto. Y deben reducirse en los pianos y elevarse en los crescendos. Lo mismo sucede en nuestro cerebro. Y por ello, no es extraño que en un trastorno como el Síndrome de Down, en que tenemos tres copias de un cromosoma (el cromosoma 21 humano), y por tanto “exceso” de dosis de un buen número de genes, el cerebro no pueda desarrollarse y funcionar de forma adecuada. Y así es. En el síndrome de Down apreciamos alteraciones cerebrales que afectan a determinados grupos neuronales y que explicarían las dificultades con que se encuentran estas personas. Estas alteraciones parecen deberse tanto a problemas de desarrollo -disgenesia- como a problemas neurodegenerativos.


Sin embargo, la comprensión de las consecuencias de las alteraciones genéticas en la organización y funcionamiento del sistema nervioso es aún uno de los grandes retos científicos que tenemos por delante. En nuestro laboratorio hemos estudiado uno de los aspectos característicos de la discapacidad intelectual, que también está presente en el síndrome de Down. Se trata de la patología que afecta a los sistemas de recepción de información en la neurona: Las dendritas. Las dendritas nacen como prolongaciones numerosas y ramificadas desde el cuerpo celular presentando a lo largo de su recorrido pequeñas prolongaciones citoplasmáticas, las espinas dendríticas, que son sitios de sinapsis (contactos neuronales) excitatorias. A través de estas estructuras las neuronas reciben señales químicas (los neurotransmisores), liberados por neuronas vecinas que activan impulsos nerviosos. Las alteraciones bien del número o de la forma de las espinas dendríticas constituyen un signo neuroanatómico que se ha podido correlacionar de forma clara con las alteraciones de la cognición y de la percepción. Se trata de una alteración que compromete la capacidad de integración de información en la corteza cerebral, ya que tales alteraciones reducen y/o distorsionan la recepción de estímulos en la neurona, afectando, por así decirlo, a la computación neuronal. En nuestra investigación sobre Síndrome de Down, los modelos animales han aportado avances sustanciales en el conocimiento de la patogenia de la enfermedad. El modo en que estas alteraciones llevan después a provocar diferencias específicas en aspectos del funcionamiento cognitivo no lo conocemos en detalle, pero, en el momento actual, los resultados obtenidos acerca del impacto de la sobre-expresión génica, originada por la trisomía 21 sobre la función y la estructura cerebrales nos está ayudando a sentar las bases de la investigación traslacional y a diseñar estrategias terapéuticas eficaces. Por ejemplo, hemos identificado una kinasa cuyo exceso de función es especialmente dañino para el cerebro y en este momento estamos llevando a cabo un ensayo clínico en que normalizamos su actividad.


Respecto a la pregunta de cómo ven la realidad estas personas, sin duda, desarrollar un modelo explicativo global de la percepción y cognición en el Síndrome de Down presenta un desafío considerable. Los estudios en humanos, se han centrado sobre todo en otros aspectos, como la pérdida de audición o los problemas ópticos, pero la Neurociencia cognitiva y la Psicología se han centrado más en los aspectos cognitivo-conductuales. Hay sin embargo, algunos datos. Se ha observado, por ejemplo, que los niños con Síndrome de Down tienden a confundir una emoción positiva con una negativa aunque, a diferencia de algunos trastornos del espectro autista, tienen conservada la capacidad para nombrar las emociones básicas. En cuanto a la comprensión de las intenciones comunicativas del otro, se ha planteado que los niños con Síndrome de Down presentan cierta dificultad en la comprensión de peticiones indirectas, tales como sugerencias o insinuaciones. Asimismo, estos niños difieren de los niños con desarrollo normal en el contenido semántico de su lenguaje sobre los estados mentales, siendo más alta la proporción de palabras afectivas y más baja en palabras sobre volición, habilidad y cognición. Parece ser también que puede haber algunas áreas de cognición social en las que los niños con Síndrome de Down muestren patrones específicos de conducta. A nivel cognitivo, Moore y colaboradores (2002) propusieron que las diferencias sutiles en la regulación de la atención que presentan los bebés con Síndrome de Down, puede hacerles más lentos en responder en las interacciones sociales. Según los autores, esto podría provocar un estilo maternal más afectivo (para mantener los niveles de atención) que sería muy útil para desarrollar los primeros vínculos. Sin embargo, hace que estas personas dependan de los demás para regular su atención, lo que contribuirá a que haya una tendencia a centrarse en las personas más que en los objetos, y quizá en respuesta, es posible que adoptemos un papel más protector. A pesar de todo y al contrario de lo que parece ser la percepción pública, para muchos niños con Síndrome de Down el entablar relaciones con otros y comprender sus emociones e intenciones puede ser tan fácil como lo es para sus compañeros con desarrollo normal. El problema suele estar en los adolescentes y los adultos y depende más de la falta de aceptación por parte de los compañeros. Y es que, aunque ha habido avances esperanzadores en la inclusión de las personas con Síndrome de Down, existe todavía una amplia brecha que salvar. Y se requieren acciones concretas para aplicar los resultados de los estudios en el desarrollo de intervenciones basadas en los datos y de abordajes educativos no solamente dirigidos a los niños con Síndrome de Down u otras discapacidades intelectuales, sino a sus compañeros y a la sociedad en general.


¿Cuánto le debe la Historia a la Ciencia? Recuerdo en la universidad la asignatura Historia de la Biología con gran cariño, y es que precisamente gran parte de nuestra historia tiene a su vera a los avances científicos. Coméntanos sobre los avances que crees más relevantes por favor, como curiosidad y para divagar.


La verdad es que muchas veces “olvidamos” nuestra historia y son pocos los jóvenes neurocientíficos que realmente conozcan la historia de la neurociencia. De hecho la disciplina como tal es muy joven. Fue en los años '90 cuando diversos estudios de las funciones del cerebro dieron pie a nuevos cálculos y avances tecnológicos en biología molecular, y en registros electromagnéticos y matemáticos que iniciaron un nuevo campo de estudio llamado Neurociencia.


Sin embargo, la neurona como unidad primaria funcional del sistema nervioso fue descubierta por el anatomista español Santiago Ramón y Cajal en 1888 y por ello obtuvo el Premio Nobel en 1906. Otros aspectos recientes han sido, en el 2004, el final de la publicación de su obra Textura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados y en el 2005, la concesión en Berlín de la medalla Helmholtz. Cajal es considerado hoy en día el padre indiscutible de la Neurociencia moderna. Todos los que ejercen su profesión, o su pasión, en cualquier rama de las Neurociencias fundamentales o clínicas, unánimemente reconocen que los trabajos de Don Santiago constituyen un bloque de descubrimientos esenciales. Entre otros importantes méritos, Ramón y Cajal demostró la individualidad celular de la neurona y propuso la existencia de las sinapsis (lo que hoy se denomina doctrina neuronal), también intuyó la unidireccionalidad de la transmisión del impulso nervioso (enunciada en su ley de polarización dinámica) y enunció la primera definición científica del substrato celular de la memoria. De él surgió el concepto de «cerebro plástico» (neuroplasticidad) que define al sistema nervioso como una estructura en constante renovación que, en cada instante puede adquirir nuevas informaciones o eliminar otras. El análisis histológico exhaustivo del sistema nervioso de distintos organismos llevado a cabo por Ramón y Cajal ha proporcionado un cuerpo de saber de valor incalculable para el progreso de las Neurociencias. Don Pedro Laín Entralgo, historiador de la medicina, considera a Cajal como un “incesante descubridor de hechos científicos nuevos”, de hechos y leyes como la que rige la transmisión intraneuronal del impulso nervioso. Pero, además de investigador, Cajal fue pensador. Dedicó buena parte del tiempo a reflexionar y pensar sobre su propio saber científico y el saber científico en general.


Cajal definió las neuronas como «las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental».


Al hilo de esto, me viene a la memoria uno de los eventos que organizas, los de la Feria de las Ilusiones del Cerebro, para acercar la ciencia a la gente de a pie. Son muy buenos. ¿Cómo surge la idea? ¿Alguna anécdota para rescatar?


La idea surge del convencimiento de que la ciencia y el conocimiento deben ser parte de la vida del ciudadano. Parece difícil comprender el mundo moderno sin entender el papel que cumplen la ciencia y la tecnología. La población necesita de una cultura científica y tecnológica para aproximarse y comprender la complejidad y globalidad de la realidad contemporánea, para adquirir habilidades que le permitan desenvolverse en la vida cotidiana y para relacionarse con su entorno, con el mundo del trabajo, de la producción y del estudio. Pero para que la gente sienta la ciencia (y en mi caso la Neurociencia) como algo cercano, hay que saber explicarla de forma que las preguntas que nos hacemos los científicos las sientan como relevantes los ciudadanos. Y de ahí surgen las ferias, que en realidad son laboratorios callejeros para que la gente pueda experimentar por sí misma y hacerse las preguntas que finalmente nosotros los científicos nos hacemos.


Sobre las ilusiones y la realidad y la segunda pregunta sobre particularidades a nivel de morfología cerebral, y teniendo en cuenta que las ilusiones son también parte de la realidad... ¿qué es la realidad? ¿es sólo el fruto de nuestras reacciones químicas? Coméntanos tanto como quieras, para aprender del funcionamiento de la mente.


Una cuestión fundamental en Neurociencia es cómo emergen de una mezcla casi infinita de células y cables (axones y neuronas) el pensamiento, la memoria, los sueños, las emociones y la conciencia. Todo el sistema nervioso está formado por miles de millones de células muy especializadas llamadas neuronas cada una de las cuales puede recibir información de otras 10.000 neuronas. El modo en que los animales reaccionan a los estímulos depende de cómo estén organizadas y conectadas. diferentes estudios sugieren que la corteza cerebral es donde realmente residen aquello que nos hace humanos. La corteza cerebral es la capa evolutiva más reciente del cerebro, que recubre como un manto (el manto cortical) las regiones cerebrales más primitivas. Es en la corteza cerebral donde se integran las capacidades cognitivas, donde se encuentra nuestra capacidad de ser conscientes, de establecer relaciones y de hacer razonamientos complejos. Así pues, las habilidades cognitivas de cada especie animal dependen no solamente de la relación existente entre el tamaño de su cerebro y el de su cuerpo, sino también de la extensión total de su corteza cerebral. Así, el ser humano y el delfín tienen muchos pliegues en la corteza cerebral, ya que tienen que conseguir acoplar mucha superficie de corteza dentro de su cabeza; mientras que los animales menos complejos como el gato tienen la corteza muy lisa. ¡La suma de la superficie extendida (sin pliegues) de los dos hemisferios cerebrales del ser humano llega a ser de un metro cuadrado! En comparación, la superficie cortical de un chimpancé sólo sería de un folio, la del mono ocuparía la superficie de una tarjeta postal y la de la rata la de un sello de correos.


El cerebro, a través de los múltiples circuitos sensoriales aferentes que posee, recibe de forma permanente una ingente cantidad de información correspondiente a numerosos estímulos, tanto externos como internos. En numerosas ocasiones (prácticamente siempre) estos estímulos coinciden o se solapan en el tiempo, y tienen que ser discriminados, segmentados y/o atendidos de forma simultánea. Pero las características de cada estímulo son diferentes, lo que puede provocar un gran incremento en las necesidades de computación. Para resolver este problema, el sistema nervioso podría desarrollar tantos circuitos avanzados como fueran necesarios, pero esto contradice el principio de eficiencia que nos dice que, como sistema evolutivo que es, el sistema nervioso debe ajustar su desarrollo y capacidades para minimizar el consumo de recursos que utiliza para cumplir su función, en la medida de lo posible y sin perjudicar la eficacia. Experimentar con ilusiones visuales y buscar en trazas de la actividad neuronal los motivos de la toma de decisiones, del lenguaje y del pensamiento consciente e inconsciente son piedras angulares de la Neurociencia cognitiva y nos están proporcionando información muy valiosa acerca de cómo “vemos” (o inventamos) el mundo.


Francis Crick y Christof Koch abordaron hace unos años el problema de la conciencia y para ello intentaron acotar los límites de la definición de conciencia planteándola en términos asumibles por las neurociencias, estableciendo una relación entre conciencia y visual awareness (sería la “conciencia visual”). Es decir, se formulaban la pregunta de cómo pueden las representaciones sensoriales generadas por las neuronas del cortex dar lugar a la percepción del mundo exterior. El problema es monumental pero, al menos, abordable desde el punto de vista experimental. Crick y Koch llegaron a proponer el modelo del Homunculo incosciente, nombre con el que hacen referencia a la obsoleta visión del problema de la conciencia vigente en siglos pasados, el modelo del homunculo, el hombrecillo que vive en nuestra cabeza y percibe el mundo a través de nuestros sentidos.


Mientras iba componiendo este número de la Revista Excodra sobre la ciencia, me he dado cuenta de que la gran mayoría de las personas siente a la ciencia como algo muy lejano, que no forma parte de sus vidas o en muy poca medida, yo por mi parte la siento hasta bajo las teclas de mi ordenador mismamente, y creo que habría que acercarla a la gente que no trabaja en ciencia directamente muchísimo más, es el avance de nuestros conocimientos, entre otras herramientas del saber como el arte mismo. ¿Por qué crees que la gente se siente tan alejada de la ciencia?


Desde mi punto de vista hay varios elementos que dificultan el acercamiento de los ciudadanos a la ciencia. Por un lado la falta de educación científica sólida. La importancia de la enseñanza de las ciencias en la sociedad actual es hoy plenamente reconocida. Este reconocimiento, unido a la creciente preocupación por el fracaso en lograr que los alumnos adquieran conocimientos científicos, ha conducido a proponer la introducción de la enseñanza de las ciencias a edades más tempranas. Faltan, sin embargo, propuestas de currículos sugerentes sobre todo para la enseñanza obligatoria, que contribuyan al desarrollo de capacidades científicas y promuevan a la vez un afecto y un gusto por su aprendizaje. El campo emergente de la neurociencia educacional presenta oportunidades así como desafíos para la educación. Provee medios para desarrollar un lenguaje común y salvar las distancias entre educadores, psicólogos y neurocientíficos.


Por otra parte, la ciencia llega al ciudadano a través de los medios de comunicación. Es preciso además mejorar el diálogo entre científicos y medios de comunicación para informar sin sensacionalismo. El neurobiólogo C Blakemore dijo «Entre la ciencia y la sociedad están los medios de comunicación». Por ejemplo, cada vez más, las referencias a la Neurociencia parecen una constante que encontramos detrás de casi todo. Y es que los descubrimientos en este campo a menudo se exageran, malinterpretan, o se usan como argumentos de venta sin demasiado sentido sacados fuera de contexto. Pero no deberíamos permitir que errores como estos desvirtúen o puedan hacer perder el interés del gran público por una disciplina tan fascinante como ésta.


Sin embargo, el conocimiento del cerebro está abriendo la puerta a inmensas aplicaciones pero también a miedos reales. Por ejemplo, ¿podría cambiar fundamentalmente la neurociencia conceptos de responsabilidad legal? ¿O podrían aspectos de una persona inculpada ayudar a determinar si corre un riesgo creciente de que vuelva a cometer delitos? ¿Será posible que algún día se puedan ‘leer mentes’, por ejemplo con el objetivo de determinar si están diciendo la verdad o si sus recuerdos son falsos? Ya hay algunas importantes implicaciones prácticas de recientes descubrimientos neurocientíficos que podrían influenciar la ley y ciertamente habrá muchos más en los próximos años.


Por tanto, ya no es posible reservar la cultura científica y tecnológica a una elite. La sociedad ha de tomar conciencia de la importancia de la ciencia y de su influencia en temas como la salud, los recursos alimenticios y energéticos, la conservación del medio ambiente, el transporte y los medios de comunicación, las condiciones que mejoran la calidad de vida del ser humano. El público no puede quedar al margen de los descubrimientos de la Neurociencia y su impacto social. Es necesario que amplios sectores de la población, sin distinciones, accedan al desafío y la satisfacción de entender el universo en que vivimos y que puedan imaginar y construir, colectivamente, los mundos posibles. Por ello, la Sociedad Española de Neurociencia ha propuesto entre sus objetivos estratégicos, hacer un decidido esfuerzo para fomentar el conocimiento de la investigación en neurociencias entre el público general utilizando como vehículo los propios grupos de investigación de nuestro país.


Política y ciencia... ¿cómo ves el futuro de nuestros científicos en España y en el sur de Europa en general?


En las dos últimas décadas, España había logrado pasar del puesto treinta del ranking científico mundial al noveno, para situarse entre los países con mayor crecimiento de su producción científica hasta posicionarse como la novena potencia mundial. Multiplicamos por 8 el número de patentes, aunque nuestra producción tecnológica sigue siendo menor en la producción científica. Incluso Julien Mendlewicz, presidente del Consejo Europeo del Cerebro (EBC), reconocía que la investigación básica española en neurociencias se encuentra en el más alto nivel. Las claves de este éxito estribaron en el notable (aunque aún insuficiente) aumento de la inversión en conocimiento que ha estimulado la investigación y su internacionalización y ha aumentado la masa crítica científica. Este crecimiento había sido en parte compensatorio de la precaria situación previa pero también indicaba un progresivo cambio de modelo económico. La Neurociencia catalana se ha beneficiado de forma especial de la incorporación de neurobiólogos entrenados en laboratorios extranjeros, que han contribuido decisivamente a la puesta al día de los grupos existentes y han facilitado el encuentro con investigadores formados en otras áreas pero atraídos por la investigación sobre el sistema nervioso.


Desgraciadamente, la crisis económica que ha desencadenado el modelo basado en el turismo y la construcción, y que hubiéramos podido paliar de haber promocionado y mantenido la inversión en conocimiento, está haciendo zozobrar la ciencia española. La pendiente positiva de la inversión en I+D que llevábamos desde 2005 se ha quebrado y ahora hemos de asumir las consecuencias de las veleidades políticas ya que no existe en nuestro país una política científica sólida y blindada frente a los continuos cambios políticos. Parece que no se entiende el tremendo impacto negativo que produce el cambiar los objetivos y la política de financiación de un lado a otro en continuo vaivén sin un objetivo científico visible. En un país como el nuestro donde el sistema de ciencia, por mucho que haya crecido en las últimas décadas, es frágil y donde pequeñas perturbaciones pueden dar al traste con años de esfuerzo de miles de investigadores es necesario redoblar el esfuerzo económico en ciencia, para que esta progresión siga en línea ascendente, y con planes sensatos a largo plazo, y que la ciencia y la tecnología terminen siendo motores de nuestro desarrollo futuro. Pero esto sólo se conseguirá a través de un apoyo serio y mantenido por parte de nuestros gobernantes manteniendo políticas activas durante largo tiempo como requisito para el surgimiento de un nuevo concepto de aprovechamiento del conocimiento. En este momento, como siempre, la ciencia española está al arbitrio del partido en el Gobierno y la inversión presupuestaria sufre más altibajos que nunca. España se niega a comprender que el conocimiento básico es fundamental y ahora el gobierno propicia la idea de que la competitividad empresarial y la innovación tecnológica proceden directamente del trabajo de los científicos. Este énfasis excesivo en la investigación llamada traslacional en países como Estados Unidos se ha abandonado por ineficaz, pero la clase política española va “tarde” y no entiende ni reconoce que lo fundamental es el conocimiento básico, y que la inversión no tendrá una traslación a corto plazo. La ciencia, lógicamente condicionada y vinculada a requerimientos económicos, no puede estar sometida a las demandas del mercado, no podemos derivar hacia la “rentabilización de la ciencia”.


La falta de una política sólida de contratación y el “exilio” de los neurocientíficos españoles, que en otros campos tienen oportunidades de reincorporación en centros de excelencia, unida al desconcierto y la desilusión de los neurocientíficos han determinado que la Neurociencia no florezca como hubiera debido en nuestro país. Durante años, la visión de nuestro sistema nervioso como algo “demasiado complejo” y cuyo abordaje, desde la miopía política e incluso científica de otras áreas de investigación, es imposible, ha sido uno de los argumentos que ha derivado en que el apoyo que reciben los pocos centros dedicados a las Neurociencias sigue estando muy por debajo del que se proporciona a centros dedicados a otras disciplinas. Nunca ha existido una apuesta clara de esta disciplina y en Catalunya como en el resto de España, eso ha determinado una atomización de los neurocientíficos. Los repetidos intentos por establecer centros de excelencia en Neurociencias que permitiera de forma certera atraer científicos punteros a nuestro país ha sido una y otra vez cercenada sin que hubiera ninguna razón científica o política que lo justificara. Posiblemente las vanidades y ambiciones personales unidas al desinterés de los políticos y a algunos episodios fraudulentos han contribuido a ello.


Quiero finalizar con la idea de que un país que invierte en Ciencia y Tecnología: Está realizando una auténtica apuesta de futuro, porque son las auténticas locomotoras que mueven los países.


Mara, ¿cómo comienzas tu andadura en la ciencia? Para distendernos un poco para terminar, ¿qué fue lo más duro y qué lo más hermoso de tu carrera como científica?


De pequeña sentía curiosidad por saber qué nos hacía comportarnos de una manera o de otra. Mi padre era un neurocirujano y mi madre es pintora, con una visión del mundo muy particular. Mi padre, me inoculó la curiosidad y el espíritu científicos. En casa siempre se animaba la discusión (constructiva por supuesto). El debate sobre cualquier tema. Y muchas veces el tema era el ser humano, sus capacidades y sus misterios, por lo que pasábamos horas hablando sobre el cerebro. Mi padre tenía esa habilidad de contar las cosas de forma que te hacías preguntas. Una de sus grandes preguntas era qué es la consciencia. Porque casi todo lo que pasa en nuestro cerebro es inconsciente. Cómo de nuestro cerebro surgen las emociones, los recuerdos, o qué seamos capaces de vernos como un individuo me parecían cuestiones apasionantes. Por eso decidí dedicarme a la investigación sobre el sistema nervioso central, para intentar desentrañar los misterios que nos hacen ser como somos.


Lo más duro: Ser mujer neurocientífica. Por desgracia, sigue siendo un inconveniente. Aunque las bases (es decir, las estudiantes predoctorales, las técnicos,etc.) sean femeninas, los varones siguen siendo los que tienen el poder de decisión. Creo que porque aún hay estereotipos que cumplir y en muchos centros no se apoya la movilidad, las interrupciones por maternidad, o el poder trabajar desde casa.

Comentarios:
Mara Dierssen

Mara Dierssen

Nace en 1961 en la ciudad de Santander. Estudió medicina en la Universidad de Cantabria, donde se licenció en 1985 y en 1989 se doctoró en Neurobiología en este mismo centro. Fue presidenta de la International Behavioral and Neural Genetics Society (2003-2006), es presidenta de la Sociedad Española de Neurociencia y ha publicado numerosos artículos en revistas científicas de prestigio internacional y nacional. Durante unos años actuó en numerosos conciertos de música barroca española como soprano en la coral de Santander, con quién participó en el disco Juan Antonio García de Carrasquedo, Misa y Motetes. Actualmente es vocalista del grupo FromLostToTheRiver. Es impulsora del proyecto 'Realidades Paralelas', destinado a acercar los espacios de creación a las personas con discapacidad. De este el primer proyecto ha salido un CD que da voz a personas con síndrome de Down. Es miembro de numerosos comités editoriales, de revistas internacionales como Genes, Brain and Behaviour, Frontiers in Neurosciencies, Amino Acids, Down Syndrome Research and Practice, entre otras, y revisora 'ad hoc' de diversas revistas científicas internacionales. Investigación científica: En el año 1990 inició su tarea profesional como investigadora en la Universidad Autónoma de Barcelona, junto a Albert Badia. Después de un breve período como profesora asistente en la Universidad de Cantabria (1993-1997), ingresó en el Instituto de Investigación Oncológica de Barcelona, donde inició un grupo de investigación neurobiológico. Actualmente es profesora de la Universidad Ramon Llull y coordinadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, cargo desde el que ha coordinado el proyecto 'Genes y enfermedades', destinado a la investigación neurobiológica sobre el síndrome de Down. En agosto de 2008 fue galardonada con el Premio Nacional de Pensamiento y Cultura Científica otorgado por la Generalitat de Catalunya por su "compromiso social y la capacidad de poner en marcha y liderar iniciativas culturales a favor de las personas afectadas por síndrome de Down". También ha recibido los premios Jaime Blanco 2002 y 2009; Laura Iglesias, 2008; Jérôme Lejeune Foundation 2004; Ramon Trias Fargas 2003 y 2007 y el Sisley-Lejeune Award 2010.

4