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Del Espíritu, de Helvétius

Fuente: Rubén Darío Fernández | Publicado: 25-05-2020
“Con armas de un temple más fuerte que los razonamientos, es decir, con hechos”. Es una de las frases de Helvétius en su valiosísima obra Del Espíritu. La destaco porque una de las características más singulares de este libro es la enorme presencia de hechos, relatados de manera totalmente ingeniosa en multitud de anécdotas y situaciones de todo tipo, es la sal que da aún más sabor a su talento. Y talento, además, es lo que no le falta a Helvétius.
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“Con armas de un temple más fuerte que los razonamientos, es decir, con hechos”. Es una de las frases de Helvétius en su valiosísima obra Del Espíritu. La destaco porque una de las características más singulares de este libro es la enorme presencia de hechos, relatados de manera totalmente ingeniosa en multitud de anécdotas y situaciones de todo tipo, es la sal que da aún más sabor a su talento. Y talento, además, es lo que no le falta a Helvétius. Es uno de los libros de filosofía y moral, o de filosofía moral, que más he disfrutado y de los que más he aprendido. Por decirlo rápidamente: es una verdadera gozada. Pero, se dirá, ¿de qué trata este libro, e incluso, quién es Helvétius? Pues Helvétius fue un genio que nos dio el siglo XVIII, gracias al cual, probablemente, la historia nos dio después a otro salvaje de la filosofía: a Nietzsche. Desconozco el motivo por el que Helvétius no es de dominio público como tantos otros filósofos, conocidos por la gente no iniciada en el mundo de la filosofía. Y es una pena, porque es glorioso. Si habéis disfrutado con Nietzsche, tenéis que leer a Helvétius, os vais a asombrar con el enorme parecido entre ambos, es algo prodigioso, no es que Nietzsche fuera y le copiara, digamos, pero tuvo que estar totalmente influenciado por él, por su estilo, por sus flechazos, por la manera de dirigirse al público y sobre todo por su manera de razonar, tan poética y llena de metáforas como la que después tuviera Nietzsche.



Hay que contar, además, que estamos hablando del siglo XVIII, y antes de las Revoluciones Americana y Francesa, cuando aún estaba poblada Europa de guillotinas y hogueras donde decapitaban y quemaban a herejes y aún había instituciones como la Inquisición rodando por la vida. Es decir, su mérito, es inmenso, tanto por certero como por arriesgado, que sutileza a sutileza, y certeza a certeza, nos va desvelando cómo somos, que es de eso de lo que trata el libro: sobre cómo somos, por qué actuamos de la manera en que actuamos, cómo sentimos, cómo las pasiones nos gobiernan, cómo la vida de uno mismo es su universo.



Va despejando un bosque de dudas, dejando al descubierto cuantas verdades salen a su paso. Armado con el hacha de la razón, tala todos los prejuicios que encuentra en su camino: todo es amor propio e interés personal, nos dice, y yo le creo, porque además nos enseña que hay que saber utilizar esta verdad, en que cada uno es el centro de su vida, para hacerla coincidir con el interés general, con la sociedad en que uno vive, para que nuestros deseos y pasiones se conviertan en virtudes (la virtud, nos dice también, sólo puede ser aquélla que se encamina al bienestar general: “Por la palabra virtud no se puede entender más que el deseo de la felicidad general”) y así nuestros intereses, cuando realizados, beneficien a todos: “Enlazar el interés personal y el interés general. Esta unión es la obra maestra que debe proponerse la moral”, y “por otra parte, ¡cuánta luz arrojarían estos principios sobre la moral, haciéndonos percibir la dependencia necesaria que enlaza las costumbres con las leyes en un país y enseñándonos que la ciencia de la moral no es otra cosa que la ciencia de la legislación!”. Y como nos va diciendo a lo largo de su obra, mediante unas bellas y sanas leyes se puede conseguir la mejora de la sociedad, lograr su bienestar, haciendo coincidir nuestros intereses con los generales, pues antes que nada, está uno mismo, sólo es reconducir este individualismo del que no podemos escapar hacia la realización de acciones que nutran a la mayoría. ¿Y cómo lograrlo? Educando. La educación, la instrucción, la enseñanza, es básica, nos comenta también Helvétius, pero una correcta educación que permita expresarse al talento y que lo forme presentando los objetos de estudio adecuados, y no como hasta ahora aún pensamos, y eso que él nos habla desde el siglo XVIII: hay que educar en la duda, hay que poner en duda todo, hasta lo que uno mismo da por cierto, para seguir avanzando. El no dudar es la muralla y el foso del prejuicio. Hay que dudar siempre de todo para poder seguir avanzando, para que los conocimientos no se estanquen. ¿Que hoy pensamos que nuestra democracia capitalista tal y como se desarrolla es buena? Nada, hay que dudar, darla por fallida y pensar siempre alternativas para avanzar hacia la mejora constante de las sociedades.



Pero nos va comentado sobre infinidad de temas más, es pura psicología de la fina su palabra, nos adentra en la tormenta del día a día y nos va desgranando todo tipo de conductas hasta el más mínimo detalle, como Nietzsche, es filósofo, pero sobre todo, psicólogo, conocedor como nadie de los motivos de nuestras conductas: “La tiranía sabe cómo degradar las almas manteniéndolas continuamente en la angustia del miedo” o “el poderoso será siempre injusto y vengativo” o “nadie nos ama por nosotros mismos, sino por alguna causa” o “los hombres son más sensibles al dolor que al placer” o “presos de la necesidad, enteramente preocupados en satisfacerla, no elevan sus miradas hacia la libertad” o “no se hace el esfuerzo de persuadir cuando se puede mandar” o, por terminar la lista: “el silencio del orgullo no prueba su ausencia”.



Nos escribe que todo es miedo al dolor y amor al placer, incluso la búsqueda de poder y riquezas no es más que búsqueda del placer físico que reportan, que se busca el poder por el placer de gozar de sus beneficios y por el alejamiento del dolor que deriva de su ostentación. Que la búsqueda de gloria y reconocimiento, es búsqueda de placer: “nuestro amor por la estima [pública] es proporcional a las ventajas que nos promete”. Y que todo esto hay que convertirlo en virtuoso, es decir, que nuestros logros sean logros para todos, que se premie el talento, el genio, el ímpetu guiado por fuertes pasiones que conducirán a la elevación de las sociedades mediante acciones individuales que afectarán al colectivo. Descubrir nuevas verdades, abrir nuevos horizontes, fomentarlo, no estancarnos nunca en el presente, sino buscar avanzarlo y premiarlo. Entender que de la moral son fuente las pasiones, que nuestras pasiones son las que nos ponen en marcha hacia la búsqueda de logros, que deseamos el reconocimiento, y que ello, no sólo es sano, sino que hay que hacer que nuestros  avances repercutan en la sociedad, haciendo coincidir lo particular con lo general. Pero para ello, como Helvétius nos lo dice, y nos lo dice desde la época en que comenzaba a echar raíces nuestro presente, hay que cambiar: gobierno, y legislación, pues “es por la reforma de las leyes por la que deben comenzar la reforma de las costumbres”. Tenemos que cambiar nuestro modo de vida actual para poder aprovechar nuestra manera ser y convertirla en social.

Se me quedan cortas las palabras para describir todo lo que nos muestra en Del Espíritu, desde que todos nuestros pensamientos son fruto de nuestros sentidos a que las religiones son hechas por la mano del hombre para gobernar y gozar del gobierno de los pueblos, de los privilegios que reporta. Es una puerta hacia nuestro interior. Abridla sin miedo, lo vais a disfrutar muchísimo y os hará ver que “no tenemos, por así decir, más que la moral de la infancia del mundo”. Es decir, que estamos aún en camino...


Enlace al libro: http://www.laetoli.es/los-ilustrados/95-del-espiritu-claude-adrien-helvetius-9788492422548.html
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Helvétius

Helvétius

Claude-Adrien Helvétius (París, Francia, 26 de enero de 1715 – París,​ 26 de diciembre de 1771). Notable filósofo materialista francés del siglo XVIII. Helvétius partía de la doctrina del filósofo inglés Locke quien sostenía que las ideas y las representaciones del hombre tienen por fuente la experiencia de los sentidos. Desarrollando la teoría materialista del conocimiento, Helvétius se propuso aplicar este principio, sobre todo, a la explicación de la vida social. Afirmaba que el hombre es el producto del medio y que el carácter del hombre no es algo innato, sino determinado por la experiencia y por el medio. Este fue el punto de partida materialista de la teoría de Helvétius sobre la Sociedad. Afirmaba que el medio social es creado por la legislación existente en la Sociedad. La legislación, a su vez, es determinada por las ideas que imperan en la Sociedad.

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