ExcodraBarcelona, ciencia y arte

Palabras al lienzo: XI. Monet

Fuente: Fran Norte | Publicado: 28-01-2018
Derechos: Mujer con sombrilla, Claude Monet.

El nacimiento del Impresionismo: Tan sencillo, y tan complicado, como pintar un sol naciente entre la bruma. Y su reflejo en el agua. Y destacando la soledad de una barquita navegando en calma. A veces las cosas más sencillas abren nuevos caminos de las más insólitas maneras.

Leyendo sobre la vida de Monet, Claude Monet (París, 1840 – Giverny, 1926), no se le queda a uno la sensación de que tuviera una vida agitada, más bien, dedicado a su pintura, con los problemas normales del transcurso por la vida. Tal vez todo ello, una vida en tranquilidad, sea lo que se refleja en sus obras. Sosiego y arte. Amistades, amor, hijos, cambios de residencia, alguna penuria económica, alguna enemistad, alguna tensión, la muerte de sus padres y también de su mujer, ganarse su vida con su talento, sacar adelante proyectos propios y con amigos, vivir la vida y sentirla pasada por el tamiz de lo artístico, estar en ella, en la vida, sin muchas preocupaciones por lo básico.



Leer sobre Monet es leer el paso por una vida con andar lento, con sus cimas y sus simas, como todas las vidas, pero sin mayores grietas que las propias de tener presencia en esta existencia que tenemos, en fin, sin mayores grietas que las propias y naturales de estar vivo. Le deja a uno pensando en que los genios no siempre tienen que llevar vidas turbulentas, excesivas, desoladas, quebradas, a la contra.


Sin embargo, el a la contra, en este caso, sí que fue necesario. En sus tiempos, en los tiempos de Monet, no tan lejanos, el mayor privilegio para los pintores franceses era ser mostrados en el Salón Oficial de París, que tenía aún muy conservadoras costumbres y la pintura propiamente realista era la que triunfaba y así se exponía. Monet y sus compañeros, Auguste Renoir, Alfred Sisley, Camille Pissarro, Edgar Degas y Pierre Prins, y después Berthe Morisot, fundaron la Societé Anonyme Cooperative d´Artistres Paintres, Sculpteurs et Graveurs, para mostrar su arte en oposición al Salón Oficial. Lo hicieron a finales de 1873 y el 15 de abril de 1874 celebrarían la inauguración de la ya mítica primera exposición que dio origen, con treinta artistas, tras una crítica negativa a su muestra, a la corriente impresionista, con el cuadro de Monet “Impresión, sol naciente” como bandera. Fueron tildados de impresionistas, para separarlos del arte oficial realista haciendo alusión al cuadro de Monet, y así quedó para la Historia del Arte como corriente pictórica que nació un día en concreto, en tal exposición y desde el título de un cuadro en particular. Se hace curioso.



El impresionismo, cuánto nos ha regalado, cuánto hizo evolucionar al arte después. Y evolucionó por atrevimiento, por ser capaces de salirse del curso aceptado de los acontecimientos, por salirse de los cánones establecidos. Así evoluciona casi todo, en realidad.


Monet jugaba con sus pinceles, con las sensaciones que produce el color, con los contrastes, con el dibujo al aire libre, son pinturas regadas por el sol y por el aire, abiertas como la imaginación, como el avance de la técnica, por tanteo, por diversión, por exploración. Comenzó, naturalmente, siendo fiel al realismo, a la plasmación tal cual de la realidad, pero se diversificó y avanzó hacia el lado de las sensaciones y de ahí se abrió hacia las posibilidades de la interpretación de la realidad, reflejando al final sólo lo necesario para mostrar lo que las cosas son en sí sin ser ellas por completo, reflejando su impresión. El juego con los colores permite el juego con las formas y Monet fue excelente jugando. Su camino llegó a ser una mitad de camino entre el realismo y la abstracción. El sello del impresionismo, ciertamente. El tipo de luz que aplicaba, clara e intensa, hizo que sus cuadros tuvieran una llama de sensibilidad totalmente particular. Su manera de interpretar la fuerza de las imágenes, de conferirles poderío, su ritmo vigoroso y sin embargo pausado del movimiento que mostraba hacía que sus cuadros tuvieran una respiración rítmica y sosegada.



El tibio balanceo de las hojas de los árboles habita en sus pinturas. Hay una vida de mar en calma en sus representaciones, son escenas que transcurren sin tropiezos. Tienen sus pinturas el ritmo pausado, constante y sin prisas de las mareas. El mar, de hecho, estaría muy presente en su imaginario pictórico, abarcando gran parte de su extensa obra.


Pero luego, más allá de dejarse llevar por la sensibilidad y la prueba y el juego, Monet era en verdad muy técnico, minucioso, detallista, ponía lo necesario a lo que veía para que cobrara vida propia, manejaba el color con muchísima elegancia. Era un dandy de los pinceles. Irradiaba cierta melancolía en su visión de la Naturaleza, pero más que nada elegancia y detalle, paciencia y tiempo de dedicación y ese cierto sosiego aristocrático de descanso y paseo al aire libre. La navegación, los puentes, los jardines, ríos, lagos, el mar y sus embarcaciones, las nevadas, las floraciones, la incipiente industria y los ferrocarriles, veleros, casitas y pequeños pueblos en los campos, la diversidad de colores en el ambiente que provoca el transcurso de las estaciones, las diferentes luces del día y de la noche, el campo y la tranquilidad poblarían su producción artística. Pintaba a cielo abierto y dejó reflejado todos los matices naturales de la vida. El frío, el calor, la brisa, siempre con el relax y la calma reinando, estarían presentes en sus obras. El paso pausado por la vida. Los ojos bien abiertos, contemplando, así pintaba Monet. Contemplaba la vida y la pintaba a fuego lento. Fue más que nada paisajista, apenas se prodigó en el retrato, es curioso. Era pintor de la Naturaleza, de la que, ocasionalmente, formaban también parte el ser humano y sus creaciones, pero como un accidente más del paisaje. Del ser humano, en primer plano, pintó sobre todo mujeres, como quien dibuja una hermosa colina rodeada de una cálida naturaleza.



Después llama la atención cómo en sus últimas pinturas, tal vez fruto de la vista cansada por el ineludible paso de los años y del desgaste físico de la vejez, se dejó caer totalmente hacia una pintura que ya era abstracta en sí, nubes de colores que en contraste hacían nacer formas difusas, reconocibles, pero absolutamente con la abstracción de la realidad tiñendo su arte.


El Impresionismo fue extenso pero Monet sin duda lo representa a la perfección. El Impresionismo fue un puente entre el arte realista y el arte abstracto, más bien un océano entre dos continentes. Monet lo navegó como nadie, y justamente, de orilla a orilla. Lo inauguró casi por casualidad, anecdóticamente, aportándole sin pretenderlo el calificativo a esta corriente pictórica, pero asimismo se consagró a ella con los años, abriéndose a un estilo de pintar que ahondaba en las sensaciones, reflejando lo cierto, lo real, lo tangible y lo emocional, el instante sensitivo, impresionista, de la imagen que contemplamos.

Y su impresionante Mujer con sombrilla, con ese niño a medio cuerpo asomándose al fondo, ambos mirando al pintor, al espectador, con su cielo azul detrás tan vivo que respira como escenario del retrato, con la hierba verde, tibia, concisa y las flores a sus pies. Y con la brisa ondulando el vestido de la muchacha, casi saliéndose fuera del marco, de tan presente que resulta su movimiento, su fluir por el aire. Es un cuadro que late.

El Impresionismo en todo su esplendor: Monet.


---*---

Galixfera s.l. - Versión para imprimir. - Licencia