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Los cuerpos partidos, de Álex Chico

Fuente: Rubén Darío Fernández | Publicado: 22-12-2019
Derechos: Portada de "Los cuerpos partidos". Candaya.

Este libro es, ante todo, poesía. Una preciosa suma de prosas poéticas. Qué suavidad su manera de escribir, qué suavidad en la manera de narrar de Álex Chico. Y además, con una madurez narrativa impresionante, como de alguien que ha visitado varios mundos y vivido ya varias vidas. Hay tantas reflexiones certeras a lo largo de las páginas que a veces parece que estemos leyendo un ensayo de filosofía, narrado de la más poética de las maneras. Dan ganas de escribirle al autor, y decirle: “por favor, escribe sobre filosofía plenamente, esta época necesita autores así que indaguen en las certezas de la vida, con tu voz tan cristalina”, pues como ya había dicho Nietzsche, nada mejor como hacer filosofía desde la propia biografía. Y Álex Chico es tremendo en sus reflexiones desde sus experiencias. Pequeños tesoros sobre la existencia que vamos encontrando según leemos.



Pero no es un libro de poesía, ni un libro de filosofía, en sí, aunque contiene ambas. Es un libro que nos narra la búsqueda de un pasado nunca vivido, un pasado que intenta descifrar: el pasado de uno de sus abuelos, al que nunca conoció. Su abuela está en una residencia para ancianos, con sus capacidades memorísticas reducidas al máximo, y su abuelo murió antes de nacer el autor. Así que le sigue la pista hablando con familiares y amigos y mirando antiguas fotografías, tratando de entender su emigración desde un pueblo de Granada al extranjero, a una localidad francesa en la frontera con Bélgica, en el año 63.



Desde este punto de partida nos muestra la rudeza de la emigración forzosa en los tiempos de nuestra dictadura. Imagina cómo tuvieron que vivir los emigrantes, basándose en comentarios de personas, en libros, en noticiarios, en películas, en canciones, para arañarle un sentido a sus vidas, para tratar de entender cómo fue su marcha y cómo se tuvieron que sentir en la lejanía, hablando un idioma diferente con los problemas de comunicación que eso conlleva, y viviendo en condiciones no muy óptimas, según los casos. Cómo combatían su soledad. Qué esperanzas albergaban. Cómo se vivía aquí su partida y cómo les recibían en su nuevo destino. Aprovechando la ocasión para llenarnos de reflexiones sobre el lenguaje y sobre la identidad, sobre los diferentes puntos de vista de una misma realidad, sobre los procesos históricos y su escritura y sus distorsiones a conciencia para manipular los hechos, sobre las huellas que dejaron y que no conviene olvidar para comprender nuestro presente, siempre con la palabra precisa para explicar exactamente lo que nos quiere hacer entender. Y además, agudamente crítico con nuestro pasado reciente y con nuestra actualidad para poder conocernos, para saber de dónde venimos y qué somos ahora. Es lujazo leerle.

Su libro continúa reflexionando sobre los sueños rotos de los cuerpos partidos, los emigrantes, no sólo al extranjero, sino también el trasvase que hubo del mundo rural al mundo urbano, cómo los desplazados cambiaban su vida al intentar perseguir sueños imposibles en nuevos lugares que prometían prosperidad pero sólo daban miseria, en algunos casos, y en otros, dobles vidas difíciles de gestionar.



Indaga Álex Chico también en la memoria y sus laberintos, en la necesidad del olvido, en ocasiones, y en la resistencia de los recuerdos, aunque se luche contra ellos, para mitigar su peso, cuando nos impiden avanzar.



Hasta aquí la primera parte del libro, ahora toca el regreso de los emigrados. Reflexiona sobre la dificultad de regresar. En este caso, su abuelo retorna, pero no a Granada, sino a Barcelona, páginas en donde Chico explora sobre la emigración, charlando con diferentes personas que le cuentan los pormenores de su vida como emigrantes que han llegado a Barcelona, para adentrarse en los sentimientos de los que dejaron sus hogares atrás y trazar analogías con lo que podía sentir su abuelo, tanto al irse, como en su vuelta, revisando la situación de la Barcelona del pasado. Pero además, visitando su propia biografía y conceptos como la frontera, los márgenes, los espacios limítrofes, el anonimato de los trabajadores inmigrantes que levantan las ciudades. Aunque sobre todo, buceando en sus propios recuerdos de la Barcelona de su niñez, como guía para interpretar el pasado desconocido de su abuelo.

Al final, como una suerte de regalo, nos deja dos estampas a modo de diario de viajes, con una muy poética y emotiva descripción del viaje con su hermano a Bousbecque, pueblo francés al que había emigrado su antepasado añorado, para completar las interrogaciones sobre su vida, tratando de poner tierra firme y concreta debajo de las conjeturas acerca de su abuelo, dándole solidez y consistencia a lo imaginado. Terminando su prosa poética con el viaje al pueblo de la hermana de su abuelo, para encontrar una dolorosa verdad: “Las familias se acaban”.

Hermoso trabajo introspectivo el de Álex Chico. Se os quedará grabado.


Enlace al libro: https://www.candaya.com/libro/los-cuerpos-partidos/
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