ExcodraBarcelona, ciencia y arte

Entrevista a Laura González

Fuente: Rubén Darío Fernández. Septiembre, 2016. | Publicado: 27-12-2019
Derechos: Laura González.

Laura, ¿qué representa para ti la radio?

La radio para mí es (como para todos los profesionales, supongo) ante todo vocación, y en concreto amo la radio por encima de los demás medios de comunicación por la cercanía e intimidad que transmite y genera. Como oyente de radio que soy y que he sido siempre, siento que me hablan a mí, que hay intimidad, que hay un trato cercano y directo; y como locutora lo mismo, hablo y en ese momento me escuchan y reciben, me equivoco, me río, dudo, carraspeo... no sé, en definitiva la radio representa mi medio natural, el lugar en el que soy más yo misma. Digamos que es donde me muevo como pez en el agua. Y por supuesto autenticidad. Eso es la radio.

Cultura canalla, Goethe, Sed de Mal, Nick Cave, Santiago Auserón, Josele Sangüesa, lo erótico, (−Te he buscado por todos los bares de la ciudad. −Pues he estado en la mitad...), Las niñas perdidas, Cristina Fallarás, donde sucede el infierno, escotes como cucharadas de vértigo, humos y guitarras, la noche, gamberrismo, la movida, barrios chinos, casas de putas, Christina Rosenvinge y muchos otros oscuros y singulares ingredientes. Los metemos todos en una coctelera a las tres de la madrugada y agitamos durante una hora. ¿Cómo se llama este cóctel y cuáles son sus efectos hasta la fecha?

El cóctel en el que se ha convertido Todos Somos Sospechosos es exactamente tal y como lo defines: un espacio de cultura canalla para mentes despiertas con cine, debates, música, sexo, propuestas diversas... siempre nocturnas y gamberras. Es que no estamos sujetos a ninguna imposición, ni limitación, ni estilo y pudimos plantear el programa con sólo una premisa: hablar de lo que nos gusta.



Además nos gusta reírnos y ser críticos, sí que, por ejemplo, explicamos las biografías de los más ilustres personajes de la literatura como si de colegas de bares se tratara, o hablamos de sexo como si habláramos de comida, saboreando y fantaseando. Nuestra idea era poder llegar, con contenidos culturales, incluso a aquéllos a los que no les atrae la cultura en la radio. Y lo estamos consiguiendo.



Todos Somos Sospechosos tiene muchos efectos secundarios: te puedes enamorar de los cómplices que por el programa desfilan, puedes engancharte a la poesía, a la literatura negra o a la música indie, y todo casi sin querer. Inevitablemente querrás más, necesitarás saciarte de comentarios políticamente incorrectos, de prácticas inusuales, de mentes abiertas y de risas sin control. Yo aprendo cada día preparando el programa y cada noche cuando lo ejecutamos. Es un lujo.

Cuéntanos, por favor, sobre algún programa o programas de los que llevas en tu mochila de recuerdos que hayan sido para ti inolvidables.

Recuerdos inolvidables hay bastantes. Como profesional muchos de ellos tienen que ver con los personajes que he podido conocer. La radio te permite poder hablar con personas a las que admiras, y en mi caso y a través de esta aventura de Todos Somos Sospechosos de Radio 3 he podido conocer autores como Andrea Camilleri o Pierre Lemaitre o músicos como Aute. Son momentos que guardas para el recuerdo, sin duda.



También tengo muchos recuerdos de cuando hacía reportajes en la calle: lo mismo me tiraba en puenting en directo que me hacía un piercing, o me llevaban en moto de nieve, en velero...



Pero tengo que reconocer que quizá por vanidad o quizá por saber que mi trabajo da sus frutos, los mejores momentos me los han dado los oyentes. Para mí, que un oyente me visite en la radio o me escriba diciéndome que le hago compañía, que me dé las gracias por un tema o un comentario o que decida sus lecturas en función de nuestras recomendaciones... eso me hace sentir útil, eso es la mejor recompensa a mi trabajo. El poner nombre a la gente que me escucha es lo más gratificante.


Ando muy empeñado en mostrar a la radio como el arte que es, hace poco lo comentamos, que era casi como hacer una escultura, tallando poco a poco cada emisión, ¿de dónde viene su encanto y cómo encaras cada sesión para llegar a ofrecernos esas pequeñas esculturas de tiempo y voz?


El encanto de la radio radica en la capacidad de hacernos imaginar. Los sonidos, las voces, la música... llegan a nuestras emociones más primarias y se quedan. Es inevitable. Me gusta esa idea de la escultura que se va tallando que propones. Cada temporada los que hacemos programas de radio intentamos moldear de nuevo ese material con el que trabajamos para resultar más atractivos a los oyentes. Y cada noche jugamos con sintonías, audios, voces diversas...



De todos los elementos, las voces son el envoltorio más determinante, a mi parecer: la diversidad que tenemos en el programa lo enriquece. Escuchar el entusiasmo de Imma Sust, que nos habla de sexo, o el acento americano del amigo Bill Cole y sus disquisiciones sobre cine y sociedad invitan a quedarte, sin duda.



Intentamos también que la selección musical sea atractiva y que el ritmo sea ágil, y para satisfacer las inquietudes intelectuales de todos, ampliamos el abanico temático todo lo que podemos. No es fácil que siempre te salgan grandes programas, pero nos esforzamos mucho por mantener el nivel y contentar a todo el que nos dedique unos minutos.

Comentando esto he recordado una respuesta de otra entrevista de hace tiempo... ¿es cierto que hacer radio tiene su punto de erotismo?

¿Erotismo la radio? ¡Y tanto! Tiene que ver con el “encanto” de la radio de que hablábamos antes, con esa capacidad de imaginación que te permiten los sonidos. La imaginación genera erotismo. Uno oye una voz y se imagina quién está detrás, y las leyes de la imaginación dictan que aquel sujeto imaginado siempre será más atractivo y sexy que el que nos habla en realidad. Pero es que el que habla parece tan listo.. y nos habla sólo a nosotros, quizá al oído si vamos con cascos, quizá con susurros si estamos en medio de la noche y en la cama.
Imaginación, sonidos evocadores y erotismo van de la mano. Así que recordad: ningún locutor de radio es tan sexy como nos imaginamos ;)
Un secreto más: los locutores jugamos con eso y ponemos la voz más sexy cuando estamos delante del micrófono (se llama “impostar” la voz; y es que somos un poco impostores). En mi caso el ser ex fumadora y estar operada de un pólipo en las cuerdas vocales me ha dejado una especie de “voz carajillera”, como me dicen algunos oyentes, que parece funcionar. Hace 15 años tenía una voz de pito que me hubiera impedido hacer “la noche”.

Tengo la curiosidad, ¿tienes en mente algún programa de radio que haya estado en emisión demasiado poco tiempo? Últimamente he andado revisando y he escuchado programas que no llegaron a emitirse más de un año y sin embargo son verdaderas joyas. Me encantaría que nos comentaras sobre algunos de estos programas que cerraron el telón muy pronto.

Tengo en mente muchos, pero te voy a hablar del primero que presenté y que me dio mucha pena que no tuviera continuidad. Se llamaba “Los habitantes de Plutón” y duró sólo una temporada. Estaba dedicado al intercambio cultural y la convivencia, justo en el momento en que la inmigración comenzaba a ser un fenómeno masivo en nuestro país y generaba crispaciones.



Hablábamos de política, música, gastronomía, cine, sexo… como hacemos en Todos Somos Sospechosos, pero cada día con invitados inmigrantes residentes en España. Ellos nos enseñaban a preparar bien el cuscus o el mate mientras comentábamos tendencias de moda y comparábamos costumbres. Aprendí muchísimo. Creo en la radio como servicio público y creo que era una muy interesante contribución al entendimiento. Se emitió en RNE para Cataluña, hace casi 15 años ya...



Al hilo de esto y para terminar algo canallamente… si mañana te dijeran que ya no puedes hacer radio nunca jamás, además de la oleada de crímenes que intuyo desatarías bajo tu firma, ¿qué harías de tus días?

Si mañana me quedara sin voz, o no pudiera hacer radio nunca más, me pondría a bailar. Sin duda. Seguramente me pondría también a escribir, es una cuenta aún pendiente y pienso algún día publicar novela y poesía (ups, ¡qué pretenciosa!) pero realmente la danza es mi otra vocación. Durante un tiempo fue mi profesión, hasta que entré en el mundo del periodismo. Estuve un tiempo compaginando ambas actividades y al final tuve que elegir. Sigo tomando clases e incluso hago algún bolo como bailarina de vez en cuando, por aquello de matar el gusanillo, pero si dejara la radio intentaría retomar esa carrera, posiblemente a mis casi 40 no para subirme a los escenarios pero quizá para tener una escuela, dar clases, coreografiar... Soy periodista desde la cabeza y bailarina hasta los pies.


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