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La seducción del mirlo blanco, de Mohamed Chukri

Fuente: Rubén Darío Fernández | Publicado: 22-02-2020
Derechos: Portada de “La seducción del mirlo blanco”. Editorial Cabaret Voltaire.

Mohamed Chukri es directo, y sin dar rodeos, manifiesta lo que piensa, caiga quien caiga. No se corta un pelo y además da en la diana con sus flechas muy bien razonadas.

Nos va desgajando las maquinaciones del ser humano a través de los libros, entendiéndolos muy sabiamente como puertas abiertas hacia la comprensión de nuestras acciones, del estar en la vida, que queda reflejado en las ficciones escritas.

El efecto es muy grandioso, porque nos relata las ficciones de los libros como si fueran hechos reales, es decir, analizando la psicología de los personajes, no buscando qué quiso decir el autor, que a veces también, sino indagando en las conductas de los protagonistas como si fueran personas de carne y hueso con voluntad propia, de una manera muy apasionada que se hace realmente bella. Es algo muy bonito de leer. Muy certero siempre. Por ejemplo, hablando de Meursault, de El extranjero de Camus, nos dice: “Sin embargo, Meursault se rinde para ser degollado como una gallina. Tendría que haberse suicidado en lugar de someterse a los verdugos que lo sentencian a muerte”. Es muy grande cómo siente la literatura, la vive total y apasionadamente y nos transporta a sus lecturas tan particulares y profundas. Hablando de otro personaje, de Saíd Mahrán, en El ladrón y los perros de Naguib Mahfuz: “Su ira contra la clase social que los había aplastado para vivir a costa de ellos”.



Analizando las obras aprovecha la ocasión para analizar la vida, para llevarnos con él a través de los subterráneos laberintos que dan sujeción a la sociedad, a las relaciones más íntimas y a veces perversas, todo visto desde la óptica de la literatura pero para enfocar la existencia. Como quien hace filosofía, y sobre todo psicología, y haciéndola además con un descaro que atrapa. Tiene frases tremendas, pongamos otra: “Es alguien abrumadoramente derrotado, a pesar de sus intentos de ser un héroe”.



El viaje es largo y versa sobre cantidad de obras de toda índole, tanto orientales como occidentales, e incluso las propias, criticando así la actitud de los personajes, así al mismo autor que los desarrolló. No deja títere con cabeza. Se asoma a todos los abismos con valor y sinceridad, como siente las cosas las expresa, tiene una naturalidad que asombra, revestida además con cierto halo de poética y con muchísima crítica social, dejando verdaderas minas explosivas bajo el terreno. Sus críticas sociales son verdaderamente inquietantes y para tener en cuenta: “No aspiramos aún a vencer la opresión y la impotencia”.

Reflexiona sobre el hecho de la creación literaria, sobre autores de lo más diverso, trayéndonos a la memoria a todos los clásicos, comentando sus características esenciales, así elogiando, así derribándoles sin ningún recato. Lo que no le gusta lo ataca sin miramientos, pues como dice él mismo: “Es lícito que los parásitos crezcan en el campo de la literatura, pero igualmente es que los arranquemos”. Y lo hace. Y es tremendo en sus reflexiones. Argumenta también sobre el funcionamiento de la crítica literaria, haciendo examen de los críticos, clavando alfileres y lanzando machetazos allí donde puede. Es una verdadera genialidad leerle. Enamorado del mundo del arte y del literario en particular, desgrana sus mecanismos: al escritor, al libro, al crítico, al lector. Hace apuntes sobre todo con elegancia y sinceridad, indagando en este universo tan genuino como es el de la lectura y todos sus participantes. Invita a la reflexión, desea que seamos analíticos con la literatura y la interroguemos, que pongamos en duda las estatuas elevadas, los monumentos literarios, que tal vez con el paso del tiempo perdieron su función y hoy los leemos casi como mero testimonio de nuestro pasado sin que puedan remover este presente, o como en otro de sus comentarios: “El legado del pasado, exageradamente lleno de sensibilidad estética, sensorial y ética, nos deja como herencia daños en el pensamiento, que no curarán con facilidad”.



Ahonda también en los problemas de la sociedad, como dijimos antes, comparando por ejemplo a escritores románticos, a quienes critica con bastante energía, con los escritores revolucionarios, páginas éstas intensísimas, sobre cómo afronta cada tipo de escritor los problemas de su entorno. Su lectura deja pensando en la responsabilidad del escritor para con los suyos, la importancia de la palabra para cambiar las situaciones políticas y morales: “El escritor comprometido, humanamente hablando, trabaja en pro de la elevación de la clase que lucha contra los monopolistas explotadores para recuperar su dignidad”.



Es una lectura que activa la imaginación con cada párrafo, con cada juicio emitido, ya sea sobre los libros, los autores, la sociedad, nuestra manera de movernos en la vida, cómo el arte captura una parte de ésta. Sus reflexiones siempre son incisivas y hondas, trata de comprender y juzga cuando lo siente necesario, intentando ofrecer respuestas a las preguntas que manan incesantes de nuestro entorno: “Lo natural debería ser el bienestar; y lo deseable, la igualdad en el bienestar, no en la pobreza”.

“La seducción del mirlo blanco” es un intenso retrato del mundo de la literatura, pero además del difícil transcurso de las sociedades, escrito con agilidad y destreza, que nos obliga a explorar nuestro presente y la función que en él desempeña la literatura para la construcción de los imaginarios colectivos. Es un balazo. Y tal y como dice Chukri sobre la literatura: “Suscita la rebeldía”.


Enlace al libro: http://cabaretvoltaire.es/la-seduccion
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